Cualquier lugar

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Eran las seis de la tarde de un día lluvioso, nada fuera de lo normal, solo una lluvia copiosa y lenta que se acomodaba en la ciudad. Él esperaba en la puerta de casa de ella, en su coche, escuchando cualquier canción de Frank Ocean que, mezclado con el sonido de la lluvia en la carrocería sonaba aun mejor.

Al fin apareció ella, sin paraguas, tan desastre como siempre, con el pelo mojado pero no de la lluvia, sino de la ducha. Ella le saludo con una sonrisa y un beso, él le paso el pulgar por los labios y mejilla secándole una gota que le había caído del flequillo.- ¿A dónde vamos? Pregunto ella.- A cualquier lugar, respondió el. Le apetecía irse lejos, conducir y dejar atrás la rutinaria ciudad de trabajo y recuerdos vivos marchitos, le apetecía disfrutar de ella aunque solo fuera de su presencia, aunque no tuviera importancia el como, el porqué o el durante cuánto tiempo pudiera disfrutar de ella, porque eso ahora mismo a él no le importaba lo más mínimo.

Anocheció de camino, más de lo normal debido a la tormenta en la que se estaban adentrando, la lluvia cada vez era más fuerte, el viento fuerte se notaba en la conducción y los relámpagos distraían la vista de la carretera. Él decidió parar en una estación de servicio, en la mitad de la nada, en realidad como una mala excusa para poder pasar un rato con ella después de varias horas conduciendo. Tras un largo rato de conversación y de observación de la tormenta, que no amainaba, decidieron pasar a los asientos traseros del coche, por comodidad y por acercamiento. Él se apoyo en la puerta y ella se recostó de espalda en su pecho mientras él le hacía caricias en su barriga, ella a él le hacía lo mismo en su antebrazo, a veces había largos silencios en los que solo la lluvia hablaba y los truenos respondían, sonaba The Weeknd – Twenty Eight en el equipo de música y ella tuvo la brillante idea de sacar la cámara y las luces, el tuvo la idea de sacar la cachimba.

Después de varias horas sin saber cómo ni cuándo ocurrió, él estaba sentado en el centro de la parte trasera del coche y ella encima, mirándolo muy de cerca, las narices casi pegaban y todo estaba oscuro debido a que los pelos de ella caían sobre la cabeza de él. Ella tenía las manos en la cintura de él, no tenía las manos frías, eran cálidas como el ambiente, ya no se veía la lluvia debido a que los cristales estaban empañados por el vaho, solo se escuchaba el golpear incesante de la lluvia que al igual que en el interior del coche, nada se detenía. Ella cada vez subía más las manos por la cintura hasta llegar al pecho, entre susurros y besos se pudo oír -¿Te lo puedo quitar? Pero el no tuvo tiempo de responder, seguidamente él hizo lo mismo, con la diferencia de que le dejo la camiseta atascada tapándole los ojos, solo dejando al descubierto la nariz y la boca, jugando con sus labios, su cuello, su cuerpo…

Cuando despertaron era de día, incluso hacía calor, nada extraño conociendo el clima loco que existe en el sur de España. Salieron del coche a estirazarse ya que, aunque el coche fuera cómodo, no era una cama. La sorpresa vino cuando alzaron la vista al horizonte y se encontraron que aquel lugar, cualquier lugar, era el lugar perfecto que ellos dos esperaban para pasar aquel maravilloso día que tan bien había empezado.

Abrazos (Relato)

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Llegaron a casa después de una noche intensa, primero dieron una vuelta por el paseo marítimo, más tarde cenaron en la sala del cine mientras veían un estreno esperado y después fueron a un pub de la zona de la ciudad en el que el ambiente era más joven y fresco. Charlaron durante varias horas a las que a él se les hicieron bastante cortas pero los vasos vacios de cervezas mostraban el tiempo trascurrido . Llegaron a casa, felices, ella se reía de él por el espectáculo que había formado para abrir la puerta principal y después sacar la llave, él amando su risa más exageraba -CON LA NARIZ LA CIERRO! dijo entre risas.

Se dispusieron a subir las escaleras y el iba delante, tan payaso como siempre, sentándose en cada escalón que subía, doliéndole la barriga de la risa, atándose los cordones de unos zapatos que ya se quito tres escalones más abajo, bajándose el pantalón mostrando media nalga y agachándose y ella claro, sin poder más con la risa se sentaba a su lado a descansar los abdominales. Cuando consiguieron llegar al cuarto ya habían pasado 25 minutos desde que pasaron por la puerta principal, pero¿ qué más dará el tiempo si estas con la persona que quieres?(se pregunto él) Encendió la lámpara de lava, desprendiendo esa mágica luz roja por todo el cuarto, de repente ya no se escuchaban risas, solo silencio y esa luz roja tenue, él se quito la camiseta y se quedo mirando las sombras que hacia la lámpara de lava en el techo cuando sintió un cosquilleo por detrás, sintió su presencia, su suave piel rozando su espalda y sus labios besando su nuca, su cuello, su hombro derecho hasta conseguir que él se diera la vuelta y la viera, llevaba el pelo suelto y una sonrisilla en la cara que cualquiera hubiera pensado que era un ángel caído si no fuera por la imagen demoniaca que le daba el rojo de la lámpara. Entre besos, forcejeos y caricias consiguieron llegar a la cama, la cual los recibió cálidos, como si los estuviera esperando, acogiéndolos como si fuera un nido, nido de sentimientos mezclados y centrifugados.

Se echo hacia el lado izquierdo de la cama, su lado preferido, respirando fuerte, faltándole el aire y sudando se incorporo sobre su codo y se quedo mirándola, pensando en que no había belleza más pura y natural en una mujer que después de hacer el amor, solo, en su opinión, comparado a la belleza natural de un recién nacido. Ella le pillo admirándola con cara de tonto, le seco el sudor de la mejilla, las gotas del pecho y le preguntó -Y tú que miras? Como respuesta solo encontró un abrazo, pero no un simple abrazo, un abrazo de puzle, un abrazo de almohada, sincero, suave, de los que sientes en el pecho como algo se enciende y vibra. En esos momentos solo te enfadas con el tiempo, lo maldices y deseas que los segundos se conviertan en minutos, los minutos en horas y las horas en años. Cuando sintió que ella estaba dormida se movió para mirar al techo y pensar, aprovechar ese momento. Pensó en lo a gusto que estuvo,estaria,estará, estaba en ese instante a su lado y lo tantísimo que la quiso,queria,querrá quiere. Esa noche no podía dormir, no tenia sueño, no necesitaba descansar, solo necesitaba tenerla abrazada a él, oler su piel, besar sus labios secos y esperar que el amanecer la despertara con su luz y observar como lo hacía, porque él, se veía incapaz.

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